Foto: A. Lozano
Atardecer en Santo Tomé.
Vista desde la calle de Cervantes.
Un bello aterdecer alumbra las calles de Santo Tomé derramando un manto de luz pleno de amarillos, ocres, rojizos, que empapa las fachadas de las casas y las calles, y los campos verdes los converte en amarilos pálidos creando una sensación tierna y agradable a los sentidos que se emborrachan de su calidez adaptándose al medio con una facilidad que roza lo sublime.
Así son los aterdeceres en esta bella tierra inmersa en la naturaleza, por los cuatro costados. Aire, agua, luz y naturaleza viva que impregna con su fuerza cada célula de la vida.
Así es Santo Tomé, la agradable dulzura del silencio y la paz, inmereso en la belleza de su arrodadora fuerza natural.
Un conglomerado de sensaciones que invaden los sentidos y los llenan de vitalidad.