Foto. S. Lozano
Calle de los Molinos.
Aquí una vista inicial de la calle de los Molinos, a la izquierda la calle Emilio Rodrigo Cantón,a la derecha la calle de la Alhmabra, al fondo la calle de los Molinos, y a la izquierda en la última casa del primer cruce de calles, estuvo la famosa escueda de "la Cañá" la Cañada. El maestro, ínclito personaje Don Bernardo. Época, sobre los años cincuenta y sesenta. Se impartía clase a los niños y mozos que podían asistir cuando sus tareas y responsabilidades se lo permitíana estos últimos Se utilizaban las primeras cartillas, el primer y segundo Álvarez como tratado disciplinar de aprendizajes culturales básicos. Se escríbía con tinta en tintero utilizando plumín, sobre papel de muy pobre calidad con importantes borrones que destrozaban lo escrito con mano inexpeta y titubeante, a pesar del esmero puesto por los alumnos, y se impartían ejemplos de demostración de tareas sobre una gran pizarra colgada de la pared, utilizando como lápiz un pizarrín, que frecuentemente producía dentera por los chirridos agudísimos que emitía al rozar la superficie de la pizarra y que además resultaba difícil de borrar. Es lo más destacable que recuerdo sobre la Enseñanza Primaria en aquellos tiempos, aunque por entonces yo emplezaba.Tambíén deseo comentar sin mala fe, sino más bien como anécdota graciosa y deshinibida, los golpes de sueño que le venían al estimado maestro en la sobremesa, en el candor y el calor de la tarde, es decir en la primera hora de clase por la tarde después de comer, los alumnos más mayores aprovechaban para gastarse bromas entre ellos , tirarse papales, y otras bromas simpáticas, todo en medio de un sordo y silencioso murmullo para que nuestro maestro no se despertase, mientras los más pequeños entre los que me encontraba, quedábamos atónitos por la osadía de los mayores, que podían ser descubiertos en cualquier momento que despertase el buen hombre. A veces ocurría esto y él que se percataba y comprendía la situación, se hacía el despistado y de forma paternal, llamaba al orden para proseguir la clase tras la agrdabilísima cabezada. La Primera Cartilla la aprendí allí, y la escritura con plumín también.Los alumnos más jóvenes teníamos 6 años, y los más adultos podían tener 10 o 12 años o incluso más. Todos juntos y cada uno se desenvolvía en su nivel. En aquellos tiempos un maestro era capaz de llevar a tan distintos niveles de aprendizaje de una manera resuelta aunque efectiva, a pesar de la precariedad de medios, hay que reconocerlo, porque aun con otros sistemas totalmente diferentes pedagógicamente hablando, en contraste con los actuales que en nada se parecen, debo decir que realmente se aprovechaba el tiempo bastante bien, reconociendo que como ahora había también quien no tenía suficiente interés y no aprovechaba el tiempo como hubiera sido deseable, pero nada destacable al fin y al cabo. El fracaso escolar estaba provocado fundamentalmente por otros motivos distintos a los de hoy y pienso que hasta justificado. Primero y principal que el alumno asistía a clase cuando sus responsabilidades (trabajos del campo) se lo permitían. Era más importante el trabajo en el campo que la asistencia a la escuela. Así el resultado ya se puede imaginar. Sólo unos cuantos privilegiados podían prescindir de estas responsabilidades impuestas a chicos tan jóvenes, pero entraríamos en el terreno clasista y prefiero quedarme con el buen sabor de la predisposición de muchachos tan jóvenes que sabían responder a las cargas laborales que se les imponía, de manera que tenían perfectamente asumido que debían compatibilizar el trabajo con su educación. Es digno de todo loo, esta sensacional juventud deselvoviéndose en esta situación y valorar su resultado.
Texto: S.Lozano S.